Monday, July 16, 2012

Cuaderno de notas


Buenos Aires
Enero 2012.

"This moment right here, right now... Isn't real"


Llegué al aeropuerto. El avión aterrizo en Ezeiza, aeropuerto de Buenos Aires. Después de pasar por migración y responder las preguntas pertinentes, camine un par de pasillos alfombrados en colora azul con rumbo al carrusel, donde habré de esperar mi mochila. -La mochila que me prestara Pablo el año pasado y que me acompaño en mis caminatas por ciudades del otro lado del charco. Mochila que, durante el día, se quedaba guardada en los lockers de las estaciones de trenes para que mis caminatas en las calles fueran un poco más ligeras. Algunas noches la extrañe porque no me servia de almohada en bancas o escalinatas, pero creo que siempre fue mejor así, alejada de la tentación de otros y de mi descuido. Al regresar a casa de Pablo, una noche antes de mi regreso a casa, me menciono que si lo deseaba, me podía quedar con la mochila. Así lo hice.-

El aeropuerto lucia vacío en el área de llegadas, a pesar de que eran ya las diez de la mañana. No más de diez minutos acompañado de otros cuantos en la sala de espera, mi mochila se asomo y se disponía a dar vueltas en el carrusel. Camine hacia ella, e interrumpí su escapada llena de parsimonia un par de metros adelante. La colgué sobre mi espalda y al frente me cargué la que lleve conmigo como equipaje de mano en el avión.

El viaje, en realidad no fue tan pesado, fue bastante cómodo, sin un pasajero a mi lado en ambos vuelos, de la Ciudad de México a Santiago y de Santiago a Buenos Aires. Lo menos placentero de cruzar por aire, la América Central y la América del Sur, fueron los recién nacidos (varios a bordo) y su llanto sin fin durante el primer vuelo. Los anuncios del capitán y su tripulación (también durante el primer vuelo) celebrando el año nuevo y los tres brindis que habríamos de realizar, según ellos debido a la zona horaria. Sufrí el ridículo paseíllo que se organizaron, con sombreros de charro y máscaras como las que utilizan los practicantes de la lucha libre, haciendo sonar cornetas. Después una ronda de karaoke auspiciada por la tripulación y uno que otro pasajero. Terminando con una improvisada sesión de baile en los pasillos, sin olvidar las fotos de tripulación y pasajeros, sonrisas entre cómplices que no tienen alternativa, rendidos ante una celebración en medio de la nada. Con una copa en la mano, corrí la ventana para ver hacia fuera, para ver hacia la nada...


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